Makkah Al-Mukarramah

Lo primero que hay que dejar claro es que ninguna de las dos cosas se adoran en el Islam. Los musulmanes única y exclusivamente adoramos a Al-lah. La Kaaba es el lugar de adoración que fue construido hace casi 4000 años por Abraham y su hijo Ismael, la Paz y las Bendiciones sean con ellos, por orden de Al-lâh.

Esta construcción fue hecha de piedra, donde fue el lugar original de un santuario establecido por Adán, la Paz y las Bendiciones sean con él. Al-lâh le ordenó a Abraham, la Paz y las Bendiciones sean con él, que convocase a toda la humanidad para visitar la Kaaba. Por eso, cuando los peregrinos visitan la Kaaba, dicen:

— Héme aquí, oh Señor.

Abraham construye la Kaaba para ubicar geográficamente el corazón del hombre, para darle cuerpo al corazón humano. Las vueltas a la Kaaba son las vueltas que das a tu corazón como sede de la intuición del Uno. Lo que hay en la Kaaba es la insinuación de la Majestad, la percepción de un vacío que nos colma.

La Piedra Negra de la Kaaba indica el punto de partida para la vuelta ritual alrededor de la Kaaba, la Casa de Al-lâh; y por su color se distingue del edificio. Esta piedra no se adora, ni se posterna tampoco en su dirección: la posternación tiene valor en dirección a cualquier punto del edificio. El peregrino pone su mano si quiere (es opcional), sobre esta piedra para prestar juramento de fidelidad y obediencia a Al-lâh.

Está situada sobre una hornacina de plata que, en la esquina oriental la protege. La piedra en si, como dijo el Profeta, la Paz y las Bendiciones sean con él, “ni perjudica ni beneficia”. Le fue traída a Abraham, la Paz sea con él, por un ángel, desde la colina de Abu Qubays, donde estaba conservada desde que llegó a la tierra procedente de los confines del Universo. El hadiz de Tirmidi, el cual está en Sunan At-Termidi es el Hadith numero 803, también está en Musnad Ahmad en tres lugares, en el Hadith número: 2659 y 2889 y 3356, dice:

“descendió a la tierra más blanca que la leche, pero los pecados de los hijos de Adán la volvieron negra.”

Abraham y su hijo Ismael, la Paz sea con ellos, colocaron la piedra en la esquina oriental cuando terminaron de construir la Kaaba, por mandato de Al-lâh.

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La Kaaba además, fue un lugar en el que se practicó la idolatría posteriormente a Abraham. La gente se desvió del camino que indicó Al-lâh al profeta Abraham y llenó la kaaba con multitud de ídolos y deidades, de todas las formas imaginables. Hasta que llegó el Islam que barrió a todos los dioses, para instaurar el Tawhid, la Unicidad que siempre nos recordaron todos los profetas y enviados de Al-lâh. Actualmente la Kaaba se encuentra cubierta por la kesua o manto de la Kaaba, suspendida en el techo y sujeta con cordones a los anillos de bronce fijados en la base, es una funda de seda negra cuyas inscripciones doradas reproducen versículos y al-hadices referentes a la Unicidad de Al-lâh. El manto se renueva todos los años. Así, pues, la Kaaba no es más que una figura cúbica vacía. Dentro no hay nada.

Los peregrinos se anulan ante Al-lâh, dejan de ser átomos separados y por unos instantes viven la reconstrucción cosmogónica del Universo a partir de un encendido punto de Luz. Peregrinar es, para un musulmán, morir al espacio y al tiempo, pues una vez que el viajero llega a la orilla del mundo y se zambulle en la corriente vertical de su eje, el Creador lo recibe en Su océano de Paz.